2. El cuerpo

Cerraba los ojos. Apretaba los párpados como si las pestañas fueran herméticas. Si los abría, pensaba, corría el riesgo de que se reflejara en ellos algo parecido al amor. Por momentos me descubría hablando como una prostituta, como si todo aquello fuera una herramienta de trabajo o una política de empresa y el corazón sólo privilegio de unos pocos. No tuyo, ni mío, algo lejano y bonito como los lugares de los cuentos.

Luego me gustaba ponerme tu camiseta para salirme al balcón a fumar y volvía con las piernas heladas y entonces te daba un escalofrío al tocarme pero sabías manejar la temperatura. En cuestión de segundos nos envolvía lo que interpreté como calor pero que en realidad resultó ser la suma de nuestros fríos y recordé cómo el hielo quemaba en la mano.

Todo eso, aunque nadie piense en el futuro cuando le palpita una polla dentro, a pesar de que se haya perdido el pulso del resto. Ahora estoy enfadada y eso a ti te hace feliz. A mí me reconforta decir “me da asco”. Me parece macabro volver a verte sonreir.

20121109-004654.jpg

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s