Sueños

No es la primera vez que sueño que me disparan. De hecho, sueño muchas veces que me disparan, me pregunto qué diría Freud de todo esto. Sueño dolor. Puedo sentir la herida caliente, el tiempo congelándose, parece que nada ha pasado pero sí, en breve empieza a brotar la sangre por entre mis dedos como un agua densa. Esta vez ha sido en el pecho pero hay otras en que es en una pierna, en el estómago, en el brazo…depende. Casi podría decir qué se siente cuando te disparan, como si fuera una superviviente de guerra o algo así, pero sé que no, porque nunca lo he vivido, no es real, y seguramente la realidad sea mucho más dolorosa que los sueños.

Después del sueño-herida me levanto aturdida, creyéndome inmortal, después de todo aquí estoy, ataviada con algún pijama ridículo con la sensación heroica de haberme librado de la muerte. ¿Es posible sentirse un héroe recién levantado? Pues sí.

Otras veces sueño que caigo desde muy alto, desde un edificio o una montaña, tengo mucho vértigo pero siempre me salvo, siempre soy capaz de hacer alguna acrobacia que sería incapaz de efectuar en la vida real pero que en sueños resulta posible, de modo que acabo sana y salva. Mis sueños son agotadores. Son como vivir en una película de Tom Cruise. Se podría decir que mis sueños son pesadillas.

Por último están los sueños felices, geniales, esos sueños de los que nunca quieres despertar. Y cuando lo haces, cuando despiertas a regañadientes porque te niegas a abandonar lo que has sentido, viene la herida, el vértigo en la garganta, el golpe contra el suelo. Y es cuando confirmas que sí, que evidentemente la realidad es mucho más dolorosa que los sueños.

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4 respuestas a Sueños

  1. Hola, sigo tu blog desde hace unos meses. Me siento un poco ridícula aportando tan poco a los comentarios pero lo único que puedo decir es que me encanta cuando tengo en el reader un aviso de que has escrito algo nuevo.

    Saludos.

  2. Me dijo:

    En ocasiones las pesadillas se avecinan estando despierto, las que nos sumen en un letargo imbuido por los miedos, la soledad, las miserias de la psique y algunas sustancias, me hallé en más de una ocasión en una espiral de pensamientos negativos, un chacra destructivo, un sumidero sin salida de pensamientos intrusos. Y el terror de no poder fiarse de la percepción ni los sentidos. Y entonces, el “ding” de un mensaje en el teléfono exclamando “amigooo” laceraba toda esa mierda, y dejaba un resquicio por el que escapar. Aunque ahora ando aprendiendo a mantenerme lejos de los condicionantes que me abocaban a ese estado depresivo, aún sigo llamando, secretamente, a la autora de esa escapatoria “mi trocito de realidad”. Sin ella, no sé por cuanto tiempo hubiera estado atrapado en ese laberinto, aunque ella no sea consciente de cuantas puertas ha abierto. Por eso yo prefiero creer que la realidad, puede ser una salvación a las pesadillas.

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