Matar las flores

Hay flores en el balcón. Son rojas, blancas, azules, lilas…el brillo de sus colores es ajeno a las tragedias. Su olor se expande y me sorprende en cualquier sitio, por lejos que esté. El tallo de las flores es simple pero culmina en una belleza de la que es responsable, la sustenta. Las raíces enterradas no saben nada de lo que sucede en la superficie, no saben a quién alimentan, se retuercen en lo oculto, nunca sabrán en qué se han convertido.

El aroma de las flores se desliza por mis talones descarnados. Escuecen. Espero que nunca me regalen flores, no me gustan, me parecen una metáfora demasiado manida sobre la caducidad de la frescura. Cuánto se ha escrito sobre flores. Cuántas flores se han regalado con la mejor de las intenciones. Todas esas ya están muertas.

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