A alguien pequeño

Ratoncillo,
desde que llegaste, esta habitación está protegida
por tus risas, tu inocencia, la cálida ternura de tu tacto.
Ya nadie puede alcanzar nuestro refugio, tripulamos el mundo: tú desde tu escasa altura, yo desde la grandeza que me da observarte.

Ratoncillo,
cualquiera que te vea dormir, como lo hago yo ahora, se convierte en mejor persona.
Fabricaré burbujas para proteger tus sueños.

Pasará el tiempo, Ratoncillo,
lucirás y lloverás como cualquier adulto,
no podré apartar las nubes de tu cabeza
pero te prometo convertirme en mujer-paragüas
y ser tu cobijo.

Ratoncillo,
de ahora en adelante,
puedes llamarme hogar.

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