El teléfono

Suena el teléfono. Suena el teléfono pero nunca lo cojo. No me gusta coger el teléfono, escuchar la voz metálica del otro lado, despedirme. Conservo el teléfono en casa por si hay alguna “emergencia”, aunque bien pensado no se me ocurre ninguna “emergencia” que no pudiera resolverse con el móvil. Tampoco sé si durante una “emergencia” yo estaría en condiciones de llamar a nadie.

Sospecho que el teléfono representa una parte de mí que no logro identificar. El teléfono es un símbolo. El teléfono fijo es seguramente lo único fijo de esta casa. Todo puede moverse: el sofá, la tele, aquel cuadro, tú. Te mueves por todo el piso aunque ya no estés en él. Tu recuerdo forma parte de esta atmósfera. Debería deshacerme de él, ¿pero y si hay alguna emergencia? ¿Quién podría protegerme ahora? Veo nubes amenazantes a través de la ventana. Ojalá estuvieras aquí. Pero en tu lugar está el maldito teléfono, que suena y vuelve a sonar, con una insistencia que me hace pensar en los gritos de los gatos a medianoche.

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Una respuesta a El teléfono

  1. Diana dijo:

    ¡¡me ha encantado!!

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