El dolor es de color blanco

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Como la leche que te dió la vida. El miedo a sostener una mano en una camilla de hospital.
Te sellaban el cuerpo. Te drenaron varios años en pocas semanas.
Yo te velaba muy atenta, por miedo a perderme algo importante.

Siempre he observado dormir a la gente que quiero, porque me da miedo que dejen de respirar. Cuando compruebo que el pecho les sube y les baja ya me quedo tranquila.
Había máquinas. La extraña necesidad de ellas para cuidar del cuerpo. Y tan pequeño… Los cables parecían prolongaciones de tus venas, por fuera.

Recuerdo los pitidos y las noches. El pasillo desierto impregnado de acero y enfermedad. La enfermedad es de color blanco y huele a sangre. Me sentí culpable por la curiosidad que despertaban en mí las demás puertas. Porque hay una enfermedad para cada enfermo, como hay una flor para cada muerto.

Pero aún no.
Seguimos a este lado y sonreímos.
Adiós al blanco.
Vida, alárgate al máximo.

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