Anoche llegó un cuervo

Alguien nos puso los ojos de los muertos en el pecho. Que no veo pero siento. Que no hablo pero asiento. Que el silencio aquí es oscuro como el pico de un cuervo. Gota a gota agótame [a mí, que me lluevo encima de cosas oxidables]
Nos dieron uñas a prueba de paredes, de restos de epitelio. Quise gritar y me salió cal de la garganta.
Habitamos esta tierra de dioses tristes en su omnipotencia. Nadie quiere estar aquí pero les da miedo moverse. Nadie quiere ser quien es. Este colchón es nuestra patria, aquí hay enfermedad y hay esperma. Hay ventanas y hay puertas. Nos excede la carencia,
pero si salimos no habrá quien nos salve.

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