Pintar de blanco.

albertsoloviev2

 

“vomité tanta sangre que conocí
el cansancio de mis venas.” (Patricia Úbeda)

“Las pantallas nos han derrotado.” (Philip Roth)

Sí, como dice Philip Roth, las pantallas nos han derrotado. Sí, pero la derrota no es que vivamos pegados a pantallas, es que esas pantallas no nos digan nada. Es la respuesta que no llega, un problema muy antiguo, muy anterior a la tecnología, casi prehistórico.

Como si tuviera la cabeza llena de animales hambrientos. Le dije a una planta de IKEA que sentía que todo el que me quiso se equivocaba. Los que me quieran. Volví a cortarme el pelo para que no me atraparan, para no enredarme y dar de comer con toda esa maraña negra a los animales, el pelo por los ojos. Ser vieja y que nadie me mire. Ser ciega de cuerpo para adentro. El sabor de la sandía en la ropa y luego, luego soñarte where the heart guides the hand. Ya no tengo pesadillas, ni nada. “Cara de actriz” dijeron. Caradecáncer.

El asco del sexo. Que nadie me toque. Cara-de-sexo-manchado. A lo mejor lleno la casa de cuadros y finjo que son ventanas al surrealismo. Ventanas por las que no pasa el aire pero sin ellas me ahogo. Hola, vecina Frida. A esta casa le hace falta un mamífero, sobre todas las cosas. Un ser vivo que no le tenga demasiado apego a la vida o al menos no se la plantee. Ayer vi una película que no me aportó nada y ¡cómo lo agradecí! Que no siempre hay que enriquecer. Que no siempre hay que sacar conclusiones ni iluminar. Que a veces sólo basta con dejarse ir sin que te lleven de la mano y que tu propia cabeza haga el resto.

Como en un poema que me obsesiona últimamente, Pintar de blanco el asco, de Patricia Úbeda. Es hermoso y nauseabundo. De un blanco cegador del que, cuando recuperas la vista, no se desprende pureza sino enfermedad. Aquí os lo dejo:

Pintar de blanco el asco

Hablar del asco
de los herpes que salieron en mis comisuras
de la noche que inseminó tu vientre de cristo.
Hablar de mi mucosidad
después de llorar y tener el pesimismo
arañando las retinas de tus ojos.
Hablar del último vómito
que eché por el váter
mientras imagino
hincar con unas tijeras
tus testículos de jefe romano.
Hablar de la hemorragia que tuve 
a los seis años 
vomité tanta sangre que conocí
el cansancio de mis venas
el sueño profundo
y la luna me supo a jarabe de naranja.
Hablar de la androginia que existe
en nuestra imaginación
en nuestro vientre
en nuestros pulmones e intestinos.
Hablar de la anatomía de un sueño erótico
hablar de los perros que comieron 
mi vientre limpio de enfermedades
de lejía y vanguardias
mientras pierdes el conocimiento
por el olor a la pintura blanca.
Mirar el cubo de pintura
y sentir que la mano se pinta y se ensucia
de muertos
saber que has comido la flor de cerezo
en mis labios de cráneo abierto.

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3 respuestas a Pintar de blanco.

  1. Augusto dijo:

    Sólo veo ruido en ese poema, no hay poesía, a lo mucho un vocabulario que pretende escandalizar(?).
    ¿Qué tan bajo han caído los lectores de poesía para inclinarse ante este intento de “poema polémico”?

    Me gustaría saber la opinion de la escritora del blog (no del poema). Dónde está la belleza de este texto, por qué es bello. Exijo una respuesta formal, no fraases vacias como el poema mismo, o como esta otra: “Es hermoso y nauseabundo. De un blanco cegador del que, cuando recuperas la vista, no se desprende pureza sino enfermedad.”

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