Habitante de ballena.

“El verdadero dolor es una ballena demasiado grande para poder ser arponeada.”

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Aprender a nadar entre los dientes de la ballena.
A surcar su sangre hasta hacerla nuestra. No hay deportividad en la supervivencia.
No hay océano en esta humedad gastada.
Me resbalo por dentro. La piel no es barrera ni límite pero sí abismo.
Soy la indigestión de una gran ballena. De esta gran ballena a la que llamaremos ‘mundo’, ‘vida’ o lo que se prefiera.
Respiro su carne. Convivo con sus entrañas -extrañas-. Mi latido no es más que el eco de su latido. Reverbera el espacio. Como vivir dentro de un derrumbamiento que sólo yo conozco. Pero ahí están; los cimientos de esta caverna convulsa donde los días no existen.
A cada ballena le llega su océano. Y con él su barco. Y en él un hombre sujeta un arpón como si le fuera la muerte en ello. El hombre antecediendo al cadáver pero ya con él en los ojos.
Soy un feto de ballena demasiado desarrollado como para inspirar compasión. Sólo quiero volver a casa.

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