(escribir)

Si escribo un poema en el trabajo mi jefe se enfadará. No me pagan para esto. No me pagan, en general. Quizás si escribiera un poema en mi casa, mi padre se enfadaría. No te crié para soñar. No te crié para ser sensible. Busca un trabajo y búscate, pero encuéntrate lejos de aquí.

Quizás el único escenario donde mi familia toleraría un poema sea en algún funeral. O en una boda, tanto da. Y ahí me niego. El poema como convención social: me niego. El poema como ceremonia de qué. De muerte o de capitulación: me niego.
Puede que un día mi hijo me sorprenda escribiendo un poema y diga: mamá está loca. No te crié para ser práctico, responderé. Te crié para ser lúcido y depresivo. Para pensar en la vida como si esta fuera la última bocanada de aire antes de ahogarte en un mar que es tu nombre. Que es tu historia. Que brama y languidece a partes iguales.

Después de todo, llegará el día en que mi hija leerá un poema en mi funeral y ya no podré emocionarme. Será un poema al vacío. Un poema que chocará con ese muro que es la muerte del ser querido. Y pese a ello, habrá merecido la pena.

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