El mes de la serpiente

Hace tiempo que no me veo la sangre.
Esta semana ha sido la vuelta al cole y los niños llevan una cartulina en el pecho con sus nombres y la clase a la que pertenecen, por si se pierden. Un nombre y la clase a la que perteneces, la vida.
Se puede ser niño eternamente, se puede ir al colegio eternamente, sólo cambia la cartulina.
Como ya es septiembre, el mes de la serpiente, tengo que homenajear al cambio estacional. No sé muy bien cómo hacerlo, pero he empezado por las sábanas. Sábanas de serpiente. Camas de escamas. ¿Para vosotros septiembre también es un mes ‘de transición’? Ya no empezamos el cole pero el cole empieza en nosotros, se lleva dentro como un corazón o un hígado o un páncreas didáctico y vital, el patio de nuestras vísceras.

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Tenemos que redefinir la estrategia. Olvidarnos de las cangrejeras y del olor a plástico. Lo siento, pero hay chicas de invierno y chicas de verano y luego otras atemporales. No me gusta la palabra ‘entretiempo’ porque es ambigua, ‘entretiempo’ suena a tiempo para entretenerse, aunque sé que no es eso. Estoy preparando el invierno como si fuera un cumpleaños muy esperado, midiendo cada detalle e imaginando las situaciones que pueden darse. La previsión es un modo de vejez, lo sé.
Aquí estoy, septiembre, preparando la chaqueta para ir a la playa.

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