Veintiocho

Ya no es mi cumpleaños. Ya no es veintiocho. Veinte y ocho qué. Vidas o años o puños. Vidas como puños de nudillos descarnados. Veintiocho soldados temblaron antes de disparar en una guerra que sólo se recoge en las retinas de veintiocho esposas.

No soy la esposa ni la guerra ni la retina 

o quizás retina sí pero me gotea el humor vítreo me gotean los años me agotan los veintiocho minutos a los que se reduce la vida del personaje de una película francesa. El resto es historia es métrica es anécdota. Es vida, sí. 

Ya nunca más cumpliré veintiocho y está bien. La industria del cine francés sigue su curso.

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