El latido violeta


No querría hablar de la vida como si supiera ver la caída 

y asirme a esta piedra 

con la desesperación y ternura con que nos miran los ojos maternales de aquella golondrina estéril. 
Desconozco cómo se asimila el no engendrar en el mundo animal.

Utilizo demasiado la palabra, debí sólo imaginar. 

Los días no me pertenecen. El ser no me pertenece. La crudeza del género femenino me significa. 

Me construyo en esta guerra eterna que fortalece, en un sentido extraño, el latido violeta. 

La esencia puramente mujermente sólidamente sola. 

No puedes explicarme la vida como un ojo no explica el cuerpo, aunque exprese. 

Dentro de poco seré mucho más que yo y el miedo. 

Estoy siendo. Estoy a la espera. 

Seré mujer en ventana mirando el horizonte, reconciliada con la vida. 

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